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Caracol marino cono de mago

Los caracoles cono marinos (conus magus) habitan y son nativos de los océanos Indico y Pacífico, dónde se alimentan de peces pequeños. Dado que su presa es a menudo mucho más rápida que ellos, los caracoles liberan un veneno con fuertes neurotoxinas para inmovilizar a su presa y captar alimentos. Su veneno se almacena en glándulas en el interior de un diente y lo disparan a sus presas o enemigos como un arpón. Las especies más pequeñas producen una picadura dolorosa como una abeja, pero las especies más grandes pueden causar la muerte: Para cualquier humano que haya recibido una picadura de caracol marino, la probabilidad de que sea mortal es del 90%. Estos caracoles producen cientos de conotoxinas distintas, cada una de las cuales tiene sus dianas moleculares específicas, lo que hace que sean uno de los orígenes de posibles nuevos fármacos más fascinantes que existen.

Una única conotoxina se unirá a un solo tipo de canal iónico de célula nerviosa. Esto hace de las conotoxinas una herramienta muy precisa y efectiva para la investigación. Los neurocientíficos pueden alcanzar la llave de esta caja de herramientas tóxicas y encender o apagar el componente preciso del sistema nervioso que están estudiando.

Para más información acerca de los caracoles cono véase: http://www.understandinganimalresearch.org.uk/news/staff-blog/how-snails-hunt-fish/ 

 

 

Ziconotida 

La Ziconotida es el primer fármaco obtenido de una conotoxina de los caracoles marinos o cónidos (conus magus) que ha visto la luz del día. El caracol cono de mago usa su propia versión de ziconotida no para aliviar el dolor sino para paralizar a su presa. La ziconotida es un péptido sintético inspirado en una de las conotoxinas del caracol. El péptido bloquea de forma selectiva algunos canales de calcio que usan las neuronas para enviar señales de dolor al cerebro. Este fármaco se usa para aliviar el dolor crónico, pero la desventaja es que los científicos no fueron capaces de encontrar un modo de administrarlo de forma segura y efectiva por vía intravenosa u oral, de modo que es necesario inyectarla directamente en el fluido espinal para que surja efecto, y por lo tanto presenta un estrecho margen de seguridad. No obstante, el efecto de los péptidos es 100 veces mayor que el de la morfina o la gabapentina, que son los fármacos de referencia en el tratamiento del dolor. Dado que los fármacos que se basan en el veneno del caracol cónido alcanzan receptores distintos a los opiáceos, se cree que es poco probable que generen la misma respuesta adictiva.

Existen ya otras pocas toxinas del caracol cono de mago transformadas en posibles fármacos para tratar el dolor, la adicción y el cáncer, y se esperan los resultados de los ensayos clínicos.


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